5 consejos para comenzar a disfrutar tu sexualidad y vivirla con confianza y plenitud

disfrutar la sexualidad

Todos y todas pensamos en sexo. La mayoría lo practicamos. Y, sin embargo, muchas personas no se sienten cómodas con ello. ¿Por qué?

El sexo es y ha sido siempre un tema difícil de abordar en la enorme mayoría de las sociedades y las culturas del mundo.

Muchas veces incluso es un tema tabú para las personas, sin importar su cultura, su edad o su género.

A lo largo de la historia, el sexo ha sido mal visto, negado y reprimido. Esto produjo que mucha gente se formara ideas erróneas sobre lo que es el sexo e incluso deviniera en serios problemas emocionales debidos a la represión de los propios sentimientos.

Lo que llamamos sexualidad es nuestra habilidad para sentir atracción sexual hacia otras personas. Sin embargo, el asunto se puede tornar confuso y muchas veces nos cuesta distinguir entre nuestros propios deseos y aquellos que nos quiere imponer la sociedad.

A continuación encontrarás 5 consejos prácticos que te ayudarán a retomar la confianza en tu propia sexualidad, para que puedas vivirla sanamente y con plenitud.

Siente comodidad con tu propio deseo

Tú eres la única persona que puede decidir qué está bien y qué no lo está para ti. Conforme vas buscando placer a través de tu sexualidad, explora también cuán cómodo o cómoda te sientes con tu propio deseo.

Mientras más explores tu propia naturaleza en cuanto al deseo, tendrás mayor claridad sobre tus propios límites y te será cada vez más fácil ajustarlos a tu realidad.

Cada persona es un mundo, dice el dicho. Y es verdad. Es por eso que nadie más que tú puede hacer este trabajo. Nadie ha tenido las mismas experiencias ni tampoco reacciona de la misma manera, así que no te compares con otras personas. Haz tu propio viaje de introspección.

Recuerda que nuestra anatomía está hecha para el sexo

La habilidad de disfrutar del sexo es algo biológico. Cuando tienes pensamientos o sentimientos sexuales, tu cerebro libera sustancias químicas que hacen que sientas esa sensación de placer. Esto es totalmente natural.

Recuerda también que tu sexualidad evoluciona contigo y con tus propias experiencias de vida.

Tu salud sexual tiene tanta importancia como tu salud física y tu salud mental. Es por eso que debes prestarle atención y no intentar reprimirte o ignorar tus deseos. Eso solamente detendrá tu proceso natural.

Reconoce la vergüenza

La mayoría de las personas crecimos con la idea de que las partes y los pensamientos privados son privados y no se supone que debamos compartirlos con otros.

Muchos padres incluso han inculcado a sus hijos e hijas ideas de impureza y pecado en lo referente al sexo. ¡Y cuántos problemas han generado esas ideas en nuestra cultura!

Es por eso que, cuando alguien habla abiertamente de su sexualidad, la gente tiende a sentirse incómoda.

Es muy frecuente que estos sentimientos de vergüenza sean causados por una imposición externa en la persona sobre lo que está bien y lo que está mal.

Si sientes vergüenza o incomodidad frente a un tema, probablemente sea por algo que aprendiste en la niñez. Y esto también se aplica a muchas otras áreas de la vida. Analiza tus incomodidades (es difícil, sí) y podrás superarlas y conocerte más.

Amor propio

Si ya sientes comodidad con tu propia sexualidad, es hora de trabajar en tu amor propio. ¿Te incomoda mirarte al espejo? ¿Te juzgas demasiado? ¿Te ves todas tus imperfecciones?

Las personas tendemos a aferrarnos a los juicios negativos que nos imponen de una u otra forma. Así, resulta cada vez más difícil querernos por lo que somos, con todas nuestras fallas.

No debes lucir como la publicidad te dice que debes lucir. Tampoco debes seguir el modelo de belleza que impone la sociedad de consumo. Ama tu cuerpo por lo que es y los demás lo amarán también.

Planea una cita… contigo

En general, la gente descuida su relación consigo misma y trata de generar amor propio en base a la mirada de los demás. ¿Cómo empezar a revertir esta situación?

Pasa tiempo en soledad. Conócete; conoce tu cuerpo. Empieza a ver las cosas hermosas que hay en ti. Vístete con tu mejor atuendo… pero no se lo muestres a nadie. Solo a ti. Halágate con un baño de sales y con tu cena favorita. Disfruta de tu compañía y encuentra paz en tus pensamientos.

Puedes tomar esta práctica como un ritual de amor propio. Cada vez que puedas, date un gusto.

Haz algo por ti, así sea lo más pequeño y simple. Recuerda que la manera como te tratas es la manera en que te tratarán los demás. Así que la primera persona que debe cuidar de ti eres tú.

Todo empezará a fluir maravillosamente una vez que lo hagas.

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